lunes, julio 09, 2007

Los diarios de hoy

Reforma
TOLVANERA
Sierra Negra
Roberto Zamarripa
9 Jul. 07

Refunfuñó Mario Marín en medio del lodo, del fango: "No hay en este planeta alguien que nos diga 'ese cerro no tarda en desprenderse, o el otro', si lo hubiera, estaríamos pendientes".

Así, descompuesto, inepto, respondía ante los reclamos de deudos de víctimas, periodistas, pobladores y funcionarios municipales. Estaba cerca del alud que sepultó a un camión repleto de indígenas y gente pobre de la Sierra Negra de Puebla con un saldo estimable de 60 muertos aunque únicamente se haya recuperado la mitad de ellos.

Señor Marín, sí hay en el planeta quien pueda decirle los daños que tienen los cerros, las laderas, las zonas pobres, las comunidades indígenas. No sólo en el planeta. En Puebla, donde se supone que gobierna.

Se lo dijo el Centro Universitario para la Prevención de Desastres Regionales (Cupreder) al advertir las deficiencias de sus programas de protección civil. Lo recordó recientemente el ingeniero Vicente Nolasco, investigador de ese centro: "En 1999, de los cerca de 320 muertos reconocidos oficialmente (en desastres), 300 fueron producto de taludes que se le vinieron encima y el resto fueron ahogados" (La Jornada de Oriente, 6/07/07).

"¡Yo no mandé el agua!", fue el otro arrebato que espetó el góber precioso en medio de la otra tormenta, la de la desazón.

Claro que Marín no puede hacer lluvia. Tiene poderes, pero no tantos. Y los que tiene los usa mal, facciosamente, tenebrosamente.

Parece molestarle mucho ir a la sierra. No le gusta extender la mano, ayudar, atender, escuchar. No pudo -no quiso- estar más de 45 minutos en el lugar del siniestro en San Miguel Eloxochitlán. Eran muchos los murmullos, a veces convertidos en gritos, en reclamos. Paseaban la desesperanza y el coraje a su alrededor. La minada autoridad moral y política de Marín ya no da para tanto. Su sola presencia enerva a los ciudadanos.

No. Marín no aguanta eso. Puede escupirle a la ley si de violar garantías se trata. Y por eso puede despreciar el dolor de los otros, de los afectados por un accidente carretero, pero no puede darles la cara con la humildad de quien extiende la mano para ayudar, para reconfortar. No, ni eso puede.

El deslave en un tramo carretero de la Sierra Negra de Puebla pudo evitarse, como pueden evitarse decenas de tragedias en la compleja orografía mexicana, la que utilizan los campesinos o los indígenas para bajar de sus comunidades a las cabeceras donde hay servicios, oportunidades, ayudas y dádivas.

Como las víctimas del autobús 24, modelo 2003, de la línea Sierra Negra, sepultado por el alud, con labriegos que iban a Tehuacán a recoger sus cheques de Procampo.

Era evitable la tragedia con adecuadas supervisiones, con advertencias sobre las consecuencias negativas de la deforestación, con el reforzamiento de taludes, con la inversión en mantenimiento de los caminos.

Relataron Henia Prado y Francisco Rivas, reporteros de Reforma, que el director de eventos de la alcaldía de Eloxochitlán, Remberto González, había denunciado desde el 2005 a Rómulo Arredondo, secretario de Comunicaciones del gobierno poblano, los riesgos de desgajamientos en tres tramos de la carretera serrana que pasaba por la comunidad de Tlacotepec.

"Sin embargo, de parte del funcionario sólo hubo promesas, incluso hasta vino por acá el Secretario de Desarrollo Social (del estado), Alejandro Armenta, pero nadie hizo nada", dijo González.

La Jornada de Oriente, por su parte, consignó lo dicho por Donato Trujillo, consejero local de la Comisión de Pueblos Indios: "Yo le dije al señor gobernador que le dijimos al secretario de Comunicaciones, a la gente de Desarrollo Social y a otra gente de su gobierno que esta carretera estaba muy peligrosa por los deslaves. Le dije que tenía que haber prevenido el reforzamiento o haber hecho algo para que esto no sucediera y me contestó muy enojado: '¡Tú dime cómo!'. Yo la verdad ya no le dije nada porque soy una persona educada, porque no son las respuestas que un señor como él debe decir, ¡pero bueno, ése es nuestro gobernador!"

Marín puede contestar inmediatamente el teléfono a un empresario textilero que le ordena encarcelar a una periodista sin importar violaciones legales. Eso sí, raudo y presto.

¿Cuándo contestará el teléfono a un ciudadano de la sierra o al alcalde de San Miguel Eloxochitlán, o a los especialistas en protección civil, a los líderes indígenas para que le cuenten, sin ofrecimiento de cognac, los riesgos que corren sus comunidades?

No. Marín ya no gobierna, sino desgobierna. Hay tragedias naturales que provoca, cataliza o agrava la destrucción humana. Pero es peor cuando las empeoran los malos gobiernos.

(Y por cierto: ¿cuál fue la razón por la que ningún alto funcionario federal acudió a la zona de la tragedia? ¿No sabían cómo llegar? ¿Creían que Marín tenía todo bajo control?)


GACETA DEL ÁNGEL
Más balazos
Germán Dehesa
9 Jul. 07
Además de las consabidas idioteces, ¿podríamos esperar del Precioso Marín alguna declaración sensible y que asumiera su responsabilidad en el triste asunto del camión que desapareció bajo un alud?, ¿nos podría explicar Marín cómo hacen los caminos vecinales en el Estado que gobierna?, ¿nos podría contar cómo cuidan los taludes y si tienen alguna dependencia para dar la voz de alarma cuando alguno de éstos se va a desplomar?. De esto y de tantas cosas podría hablar Marín y no de su infantil transferencia de responsabilidades a la "desgracia", a lo "imprevisible" y a la "naturaleza".


LA CIUDAD Y EL CRIMEN
Puebla
Rafael Ruiz Harrell
9 Jul. 07

Al igual que en casi todo lo demás, el primer paso para resolver el problema de la criminalidad es conocer el monto de la dificultad. Si se quiere hacer un puente es necesario saber el vano que cubrirá y la carga que se espera que soporte. Se quiere curar una enfermedad hay que empezar por hacerle análisis al paciente para descubrir de qué malestar se trata, dónde está localizado y cuál es su gravedad. En el caso de la delincuencia es necesario contar con estadísticas confiables y tener mapas detallados de los lugares donde es más frecuente el crimen. Por ahí hay que empezar. No hay de otra.

Conscientes de que ese es el primer paso y sin él es imposible diseñar programas eficaces para abatir la delincuencia, criminólogos y estudiosos del crimen demandan de los gobiernos estadísticas limpias, transparentes y confiables. Vamos empezando por ahí, parecen decir: si tenemos sólido ese punto de partida podremos ir resolviendo los problemas delictivos y quizá algunos más.

Se sabe, por otra parte, que hay una clara asociación entre el mal gobierno y las malas estadísticas delictivas. Una administración corrupta, desordenada, dispuesta a proteger compadrazgos y a olvidarse de la ley según le convenga, difícilmente llevará cuentas claras en relación al crimen, por el contrario lo más probable es que tuerza las cifras, invente descensos que no ocurrieron y presuma de una seguridad pública que sólo existe en los informes anuales de los gobernantes. El hecho complica gravemente el problema porque, según parece, es imposible contar con estadísticas limpias si no se cuenta primero con un gobierno honesto y dispuesto a obedecer la ley. O lo que es igual: es imposible luchar para tener buenas estadísticas y a partir de ahí ir mejorando las cosas. Lo primero que debe hacerse es mejorar el gobierno, todo el gobierno, acabando con ilegalidades, fraudes y trapacerías para después ponerse a la tarea de contar con estadísticas delictivas serias y confiables.

PUEBLA

Lo que obliga a alterar el proceso es precisamente el mal gobierno, ya que para ocultar sus malos manejos y sus negocios sucios, una de las primeras cosas que hace es alterar las estadísticas delictivas. El Estado de Puebla es uno de los ejemplos recientes.

Sería de una infantil inocencia atreverse a creer, por ejemplo, que un gobernador de la calaña de Mario Marín Torres -el "góber precioso"-, capaz de secuestrar y torturar a una periodista, Lydia Cacho, para defender a un pederasta con el que tiene negocios oscuros, lleva en su entidad unas estadísticas delictivas impecables. O que la procuradora que violó la ley, Blanca Laura Villena, para cumplir los caprichos del gobernador, hace otro tanto.

Como indica al sentido común, lo que sucede es precisamente a la inversa y de ello tenemos pruebas fehacientes. No bien llegó al poder en 2005, Marín Torres dio instrucciones para que la delincuencia registrada por la Procuraduría disminuyera en 45 por ciento. Disminuyera en números, claro, no porque la policía fuera más eficaz o los agentes del ministerio público más diligentes en la investigación de los crímenes. Se trataba simplemente de corregir números, no de mejorar la realidad.

Así, en mayo de ese año se registraron 5 mil 735 delitos de todos tipos. En junio fueron 5 mil 612, pero las cifras oficiales sólo dijeron 4 mil 312. Julio fue peor: según las autoridades sólo hubo 3 mil 681 delitos. Los registros internos de la institución muestran 5 mil 337. Para ofrecer los totales: según Marín y su mafia en 2005 Puebla padeció 55 mil 918 delitos, aunque los registros internos muestran un total de 68 mil 231. El año de 2006 es peor: oficialmente hubo 49 mil 576, en la realidad fueron 71 mil 884. La realidad supera a la mentira en 45 por ciento.

CONCLUSIONES

Reiteramos lo dicho en líneas anteriores: es inútil pedirle a una autoridad corrupta, torcida, ilegal, que lleve buenas estadísticas delictivas. El proceso es necesariamente a la inversa: es necesario, primero deshacerse de las malas autoridades para luego tener estadísticas decentes. No tendremos la certeza de lo que pasa en Puebla mientras el "góber precioso" y su cohorte de pillos y pillas sigan estando en el gobierno. Sabremos qué pasa en Puebla cuando la gobierne gente limpia y honesta.

No estaría de más que la SSP federal revisara también sus cifras porque hasta ahora ha sido tan torpe e ineficaz, que sus estadísticas locales no tienen ni pies ni cabeza y están peor que nunca antes.

Marín ignoró alerta en 2006 sobre carretera
Salvador García Soto
El Universal

Lunes 09 de julio de 2007

Documentos "reservados", de los cuales EL UNIVERSAL tiene copia, señalan que el gobierno de Mario Marín fue advertido por la Auditoría Superior de la Federación (ASF) de graves irregularidades detectadas en el tramo carretero de Alcomunga-Eloxochitlán

El alud del cerro que se desgajó en la carretera Eloxochitlán, Puebla y sepultó a 32 personas, puso al descubierto una historia de negligencia que sepulta también la versión del gobernador del estado, Mario Marín, de que "con las lluvias no podemos hacer nada".

Dependencias y funcionarios del gobierno de Puebla, que construyeron y abrieron una carretera mal trazada, deficientemente planeada y que desde sus inicios, en 2002, presentó problemas de deslaves, derrumbes, retrasos y cancelaciones, protagonizan la historia detrás de esa tragedia que conmocionó al país.

Documentos "reservados", de los cuales EL UNIVERSAL tiene copia, señalan que el gobierno de Mario Marín fue advertido por la Auditoría Superior de la Federación (ASF) de graves irregularidades detectadas en el tramo carretero de Alcomunga-Eloxochitlán, donde murieron sepultadas 32 personas, en su mayoría jóvenes. Se le dijo que la obra, inaugurada hace menos de tres años, presentaba "una deficiente planeación" y que la supervisión de los trabajos de construcción careció de control.

En lugar de aplicar medidas correctivas a la obra y de ordenar una revisión de las condiciones técnicas, el gobierno de Mario Marín, a través de su secretario de Comunicaciones y Transportes, Rómulo Arredondo, y de su contralor estatal, Víctor Manuel Sánchez, contestó a los auditores federales con justificaciones y negó las fallas de planeación y supervisión; incluso, defendió a los funcionarios a los que la Auditoría Superior calificó como "presuntos responsables" de violaciones a la ley.

Así, la carretera iniciada en el sexenio de Melquiades Morales —antecesor de Mario Marín—, pero terminada e inaugurada en el de este último, siguió funcionando, aun cuando en su revisión, los auditores federales concluyeron que hubo "una deficiente planeación… al no considerar las características ambientales, climáticas y geográficas de la región, donde se realizó la obra, y acusaron que la supervisión en el desarrollo de los trabajos de la obra no fue la óptima.

En su revisión de la Cuenta Pública 2004 del gobierno de Puebla, el auditor especial de la ASF, Víctor Manuel Portal, recomienda aplicar "sanciones administrativas" a dos funcionarios del gobierno poblano que tuvieron a su cargo esa obra: José Rogelio Vergara, director de Infraestructura de la SCT estatal en el gobierno de Melquiades Morales, y Vicente Lozano Martínez, residente de Construcción, de la misma dependencia, y quien continúa laborando en el gobierno de Mario Marín.

Sabían de los deslaves

Desde el inicio de su construcción, en mayo de 2002, el pequeño tramo carretero Alcomunga-Eloxochitlán, de sólo 15 kilómetros, mostró irregularidades documentadas en oficios e informes oficiales.

De hecho, la "auditoría especial" de la ASF, donde se concluyen las irregularidades y se pide sancionar a funcionarios responsables, fue clasificada como "información confidencial" por la Coordinación General Jurídica del gobierno de Mario Marín.

La falta de estudios sobre las condiciones del terreno donde se construyó la carretera hizo que en la obra se presentaran constantes derrumbes, deslaves y desgajamientos de cerros. El 19 de noviembre de 2002, la constructora Anes, de Melecio Limón Herrera, se declaró en incapacidad para terminar la obra en el plazo previsto, diciembre de ese año.

El constructor argumentó que la SCT estatal le modificó totalmente el proyecto y el trazo de la obra, y no podía cumplir el contrato.

Las condiciones climáticas y ambientales no consideradas por los técnicos del gobierno poblano, sumados al mal trazo de la carretera que ocasionó protestas de vecinos de poblaciones rurales porque la carretera estaba lejos de sus pueblos, hicieron que la obra, programada para terminarse en seis meses, se alargara a más de dos años; el costo se duplicó.

No conocen el terreno

La misma SCT de Puebla, en un oficio firmado por José Manuel Hernández Téllez, encargado del despacho de la Subsecretaría, reconoció en septiembre de 2005 que no se estudió bien el terreno antes de adjudicar y ordenar la obra.

"Se presentaron características físicas del terreno no previsibles como materiales inestables que provocaron gran número de derrumbes y deslaves a lo largo del tramo…. Por las características climatológicas de la zona y las situaciones que se venían presentando y que constantemente interrumpían la continuidad de los trabajos, fue necesario que esta dependencia realizara una serie de estudios que permitieran conocer (sic) el estado real de las características físicas, así como de la topografía del terreno para así emitir un dictamen técnico que reflejara las causas y soluciones".

El "dictamen técnico" se inició cuando la obra llevaba seis meses de iniciada. Empezaron los problemas y mientras el gobierno estatal demandaba a la constructora original, ésta denunciaba sobornos y extorsiones de funcionarios poblanos. ( Mañana: Sobornos y extorsiones)




Serpientes y Escaleras
Salvador García Soto
El Universal

Lunes 09 de julio de 2007

Más mentiras de Marín

Sentado en el banquillo de los acusados por la Suprema Corte, que mantiene en suspenso su fallo sobre la violación de garantías individuales, Mario Marín, el afamado gober precioso, tiene ahora encima la responsabilidad de explicar por qué su gobierno no actuó y corrigió las fallas en laconstrucción de la carretera Alcomunga-Eloxochitlán, donde la semana pasada murieron 32 personas, en su mayoría jóvenes, por el desgajamiento de un cerro que aplastó el camión donde viajaban y los sepultó vivos.

Detrás de esa tragedia que conmocionó al país, se empieza a descubrir una historia de negligencia y corrupción que puede terminar por aplastar también la ya desprestigiada figura de Marín, un político al que muchos creyeron un cadáver, pero que sigue deambulando y hasta es recibido y premiado en Los Pinos por el presidente Felipe Calderón.

Cuando respondió molesto a los familiares de los poblanos aplastados por aquel cerro y casi les dijo que él no era Tláloc —a pesar de su parecido con la efigie del dios mexica—, el gobernador poblano conocía muy bien la existencia de documentos de la Auditoría Superior de la Federación que, desde hace más de un año, le informaron que en la construcción de esa carretera hubo "una deficiente planeación" y problemas de falta de control y calidad en la supervisión de las obras. "No podemos hacer nada con las lluvias", les contestó casi con el rostro descompuesto Marín a los deudos que exigían investigar si aquella tragedia sólo era producto de una contingencia natural o si había algún tipo de negligencia humana de por medio. El gobernador sabía que tanto su secretario de Comunicaciones y Transportes, Rómulo Salvador Arredondo, como su secretario de Desarrollo Administrativo (contralor), Víctor Manuel Sánchez, conocían del resultado de la auditoría especial realizada por la ASF a ese tramo carretero que se inició en el gobierno de su antecesor, Melquiades Morales, pero se terminó y se puso en funcionamiento en su administración.

Tal vez Marín le echó toda la culpa a las lluvias y a la impredictibilidad de la naturaleza, porque confiaba en que ya su contralor, Sánchez Ruiz, se aseguró que la Coordinación Jurídica de su dependencia clasificara como información reservada el informe de la Auditoría Superior, que señala las irregularidades en la construcción de la carretera y se recomienda sancionar a dos funcionarios estatales que participaron en la obra.

Ni sancionó a los funcionarios ni se molestó en investigar el impacto de la "deficiente planeación" o las fallas en la supervisión detectadas por los auditores federales. En vez de eso, prefirió culpar a la furia de la naturaleza como única responsables de la tragedia que enlutó a 32 familias de su estado.

Al final, Mario Marín no hace más que reproducir el mismo patrón que asqueó y escandalizó a los mexicanos cuando mostró su verdadero rostro en aquella conversación con el empresario Kamel Naciff. Si aquella vez le llamó papá y se dejó llamar héroe y gober precioso por el polémico personaje, al que ofrecía "darle un coscorrón a esa pinche vieja" (la periodista Lydia Cacho), ahora es el mismo cinismo y la inmoralidad con la que les dice a los deudos de los infortunados poblanos, que todo es obra de las malditas lluvias. Total, hace mucho dejó de tener conciencia y celebra y brinda con bellísimas botellas de cognac.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

compas para que nos hacemos tontos si todos sabemos que la responsabilidad de lo ocurrido es del maldito MARRANIN segun dijo que el costo de la carretera fue millonario pero en realidad toda la lana se la robaron el par de cerdos osea el MELQUIADES Y MARIN pinches rateros ojala y en este momento les este ardiendo el culo, pero ya sabemos que eso no les importa solo robar a los pendejos ellos son los responsables, hay que revisar el resto de las obras por que han de estar iguales, tengan cuidado no sea que pasen por el periferico y se derrunbe y eso que el culero no manda el agua dice pinche ignorante ojala y leas esto para que sepas cuanto te desprecio maldito cara de caca

! Fuera Marín ! dijo...

! Que se investigue el costo de las obras de Marín ! Varias veces se han denunciado obras embarazadas en varias depenedencias y organismos de Puebla, y el ORFISE, bien, gracias, como esta piloteado por otro corrupto egresado de la Rectoría la BUAP, pues más bien aprovecha el puesto pa robar a los ladrones que necesitan pasar por el ORFISE.

! Ya estuvo suave !
!Fuera Marín !

guerrillero poblano dijo...

esto es de hoy

saludos

http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/38045.html

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